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Deguerra

Curiosidades de la Segunda Guerra Mundial

Soldado alemán en la Segunda Guerra Mundial

El mundo en el que vivimos es consecuencia directa del desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Esta catástrofe contemporánea provocó enormes pérdidas humanas y materiales, implicó a civiles y militares de un modo nunca visto hasta entonces, trastocó economías y sociedades, y dio a conocer el extraordinario desarrollo tecnológico al servicio de la voluntad destructora de los países beligerantes. Fue una conflagración que reveló el carácter total de la guerra moderna, que se reflejó igualmente en la derrota de los países que conformaron el Eje, que se rindieron, como los vencedores habían fijado, sin condiciones.

Un conflicto de esta dimensión, como cabría esperar, esconde, aún hoy en día, muchos secretos que no se han resuelto. Aunque nos dejó también muchas curiosidades sorprendentes. Esta es una historia de todos aquellos acontecimientos que sucedieron ajenos a la historia oficial del conflicto bélico.



Navajos, meskwaky, comanches y… vascos

Con el ataque a Pearl Harbor, los Estados Unidos entraban oficialmente en la Segunda Guerra Mundial. Y con la entrada en guerra de su país, los indios norteamericanos les acompañarían. Varios centenares de ellos se integraron en la marina norteamericana con una misión especial: crear un código de transmisiones que fuese indescifrable. Y para ello, la lengua nativa de los indios navajos era perfecta. Para esta misión fue escogida la tribu navaja, ya que era la más numerosa del país y, además, su lengua era ininteligible para los japoneses.

Code Talkers navajos

Tras su alistamiento se les comenzó a denominar “Code Talkers”, que se podría traducir como “los hablantes del código”. Su bautizo de fuego fue la batalla de Guadalcanal y, durante toda la guerra, fueron cruciales para la derrota final japonesa. Su trabajo lo hicieron con valentía y sentido del deber, a pesar de sus creencias culturales: tenían miedo de que los espíritus de los muertos se volvieran contra ellos para vengarse si no se los enterraba bajo los ritos funerarios adecuados.

Cada nativo tenía a su lado a un soldado que lo protegía, pero que también tenía órdenes de matarlo si existía el riesgo de que fuera capturado. Este aspecto y muchos otros se reflejan muy bien en el cine con la película “Windtalkers”.

Otras tribus indias también participaron en la guerra en diferentes frentes. Los comanches colaboraron en Europa y sus transmisiones fueron muy importantes en el desembarco de Normandía. Los meskwaki, otra tribu india, ofrecieron sus servicios como transmisores en el norte de África.

Un dato muy curioso de la guerra lo proporcionan los vascos. En primer lugar los norteamericanos pensaron utilizar la legua vasca y, en consecuencia, a los inmigrantes vascos, para que llevasen a cabo todas estas misiones. Consideraban que el euskera era también una lengua indescifrable, pero los jesuitas vascos que había en Japón y Filipinas terminaron de convencer al mando militar norteamericano para desechar la idea.

El invencible buque de guerra Bismarck



El Bismarck fue el acorazado más grande jamás construido por la Kriegsmarine (Marina de Guerra alemana) y el más poderoso de su época. Pero su reinado duró muy poco. Solo estuvo en servicio ocho meses, y fue hundido en su primera misión en el Atlántico.

Acorazado Bismarck
Acorazado Bismarck. Licencia

Destruirlo se convirtió para los británicos en un asunto de primer orden. La Royal Navy movilizó 64 buques de guerra, entre ellos 2 portaviones y 5 acorazados.

El Bismarck fue interceptado por los aliados en las costas de Escandinavia. Comenzó una feroz batalla en la que el acorazado alemán, junto a su escolta (el crucero pesado Prinz Eugen), luchaban por sobrevivir a la flota británica. El Prinz Eugen fue hundido, pero el Bismarck consiguió escapar. No obstante, los británicos sufrieron el hundimiento del crucero HMS Hood y causó serios daños en el acorazado Prince of Gales. La flota inglesa se retiró.

Finalmente, los aliados lo encontraron nuevamente al norte de las costas francesas. Fue atacado desde el aire por aviones torpederos, que dañaron seriamente su timón. Al día siguiente los buques británicos abrieron fuego contra un Bismarck a la deriva. El 27 de mayo de 1941, el acorazado alemán se hundía en aguas del Atlántico junto a 2097 marinos.

La mafia de la guerra



Gracias a las informaciones desclasificadas (sobre todo al informe Herlends en 1954) y a las investigaciones llevadas a cabo por el historiador Tim Newark, en la actualidad tenemos mayor conocimiento sobre el papel relevante que tuvo la mafia durante la guerra.

Los mafiosos italoamericanos cooperaron con las autoridades norteamericanas, así como con la inteligencia naval, para proteger el puerto de Nueva York y la costa atlántica de saboteadores alemanes. El acuerdo se llevó a cabo entre el gobierno norteamericano y Lucky Luciano, el mayor capo de los Estados Unidos. Por supuesto, estos contactos nunca se hicieron públicos, pero el informe Herlends los recogería para ser revelados años más tarde.

La invasión aliada de Sicilia abonó un nuevo terreno para el entendimiento entre mafiosos y militares. Existen muchos mitos acerca de la recíproca colaboración de la mafia siciliana con ejército aliado: aunque no fue decisiva, lo cierto es que allanó el camino a estadounidenses y británicos, pero sobre todo no dificultó su avance, que era lo que más importaba.

A través de Lucky Luciano la Cosa Nostra ayudó en la invasión de Sicilia, a la vez que creaba un lucrativo mercado negro que operaba con la connivencia de la cúpula militar. Esto provocó una revitalización de la mafia en Italia, que antes de la invasión controlaba ayuntamientos y tenía gran influencia en la zona.

Lucky Luciano en 1931
Lucky Luciano en 1931

Las excepcionales circunstancias provocaban un vacío de poder en Italia y la mafia era la única capaz de ocuparse de la población y ordenar el territorio mientras proseguía el avance militar hacia el norte. Para ganar la guerra los aliados no dudaron en pactar con ella. Eran conscientes del poder que en la práctica tenían, y era un instrumento útil para sus fines. En la actualidad, gracias al trabajo de los historiadores y a la desclasificación de informes, la verdad sobre lo ocurrido va saliendo a la luz.

Proyecto Fu-Go



Los japoneses buscaban golpear el suelo norteamericano desde el propio Japón. Para ello, se puso en práctica un nuevo invento: los globos bomba o globos Fu-Go.

Consistían en globos de hidrógeno cargados con bombas antipersona o artefactos incendiarios. Se lanzarían desde Japón y, a través de las corrientes de aire del Pacífico, llegarían a los Estados Unidos donde soltarían su carga mortal.

Se lanzaron un total aproximado de 9000 globos, de los cuales solo una pequeña parte llegó a suelo americano, causando 6 muertos y algunos daños. Muy lejos de las expectativas y deseos japoneses.

Perros antitanque



Desgraciadamente, los animales también se convirtieron en un arma de guerra contra el enemigo. Históricamente se han venido utilizando a los perros en las guerras, como fue el caso de Stubby, el primer perro ascendido a sargento por sus logros en la Primera Guerra Mundial.

Durante la invasión nazi de la Unión Soviética, los perros fueron utilizados como arma arrojadiza contra los tanques alemanes. La idea, a priori, era sencilla. Consistía en colocar al animal una mina antitanque alrededor de su cuerpo y lanzarlo bajo los tanques enemigos, donde el blindaje era menor. Para ello, los entrenaban dejándolos sin comer durante varios días y enseñándoles después a encontrar su comida debajo de los tanques. Cuando el animal los interceptaba, el soldado ruso activaba la bomba desde lejos mediante un mando a distancia o un temporizador. El animal moría, y el tanque alemán, con suerte, quedaba dañado. Fueron utilizados en la batalla de Stalingrado, así como en otras batallas decisivas de la campaña de Rusia.

No obstante, esta táctica tuvo muy poca incidencia en el devenir de la guerra. No impidió en ningún momento el avance alemán, y ni siquiera causó destrozos importantes en las divisiones de tanques alemanas. En muchos casos porque los animales iban directamente hacia los tanques donde habían sido enseñados a recoger su comida: los propios tanques rusos; en otras ocasiones, se volvían asustados por el ruido de las balas alemanas que se disparaban para matarlos o espantarlos.

En un contexto de guerra, donde la vida del ser humano no vale nada, cabe esperar poca sensibilización por el “mejor amigo del hombre”, que fue utilizado sin piedad para fines bélicos.

El bombardero espacial nazi



Atacar al enemigo desde cualquier lugar fue una obsesión de todos los contendientes implicados en la guerra, ya que las armas convencionales, incluidos los aviones de guerra de la época, no podían hacerlo si no se acercaban al objetivo. Como hemos visto antes, perros y globos fueron utilizados con estos fines. Los alemanes, por su parte, quisieron inventar un arma más sofisticada que todas las anteriores: un bombardero espacial.

El proyecto surgió del trabajo previo realizado por el científico Eugen Sanger, que tuvo la idea de un avión capaz de volar por el espacio. El bombardero consistía en una especie de cohete alado de unos 28 metros de largo por unos 15 de ancho, con una cabina presurizada para un piloto (que tendría que dirigir el aparato hacia la estratosfera), y un compartimento para la carga de bombas con una capacidad de hasta treinta toneladas.

En teoría, el bombardero sería impulsado por cohetes por un monorraíl de tres kilómetros, y una vez en el aire, encendería sus motores hasta llegar a la estratosfera. Allí planearía alrededor de la tierra hasta su objetivo: los Estados Unidos.

El proyecto no se llevó a cabo por las complicaciones técnicas. Se adelantó demasiado a su tiempo y a la tecnología de la que se disponía en aquella época. No obstante, los nazis fueron los primeros en desarrollar un programa de cohetes que tendría su plasmación mortífera en los modelos de cohete V1 y V2. Estos se lanzaban desde Francia y Bélgica y, aunque causaron grandes estragos en las ciudades británicas, fue el origen de la tecnología que más tarde nos llevaría al espacio. De hecho, los científicos que colaboraron en el desarrollo de programas de cohetes para los fines bélicos nazis estuvieron muy cotizados tras la guerra. Soviéticos y estadounidenses demandaron sus servicios, aprovechando sus conocimientos avanzados en este campo. Quizá, sin nombres como Eugen Sanger y Wernher von Braun, la exploración espacial no hubiese sido posible.

Onoda nunca quiso rendirse



Las dos bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki terminaron por convencer al emperador y al alto mando japonés que seguir luchando ya no tenía sentido. Japón se rindió, pero algunos soldados y oficiales no quisieron hacerlo, bien por voluntad propia, bien por desconocer que la guerra había terminado.

Uno de los casos más significativos fue el del subteniente japonés Hiroo Onoda, que vivió durante tres décadas escondido en la selva de Filipinas convencido de que seguía luchando.

Con 22 años fue enviado a la isla filipina de Lubang con dos órdenes fundamentales: llevar a cabo una guerra de guerrillas ante la inminente invasión norteamericana de la isla; la otra era no rendirse jamás y esperar la llegada de refuerzos.

Onoda siguió al pie de la letra estas instrucciones, incluso después de terminada la guerra. Junto a dos soldados más, se negó siempre a rendirse. Se alimentaba de todo aquello que la selva le ofrecía, escondiéndose todo el tiempo. Nunca le hizo caso a las informaciones que apuntaban a la rendición de su país, y varias expediciones japonesas que fueron en su busca fracasaron: Onoda pensaba que eran espías.

En la década de los 50 se le dio por muerto hasta que, en 1972, fue visto de nuevo por un estudiante japonés. El gobierno nipón decidió entonces enviar a Yoshimi Taniguchi, ex-comandante y superior de Onoda durante la guerra, para entregarle las instrucciones por las cuales quedaba liberado del servicio. Solo así, Onoda se rindió.

Fotografía de Hiroo Onoda
Hiroo Onoda rinde su espada ante el presidente de
Filipinas, Ferdinand E. Marcos, en marzo de 1974

De esta forma, y treinta años después, el joven militar que partió a la guerra regresó por fin a Japón donde fue recibido como un héroe nacional.

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