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Deguerra

El Levantamiento del 2 de Mayo de 1808

Cuadro de Goya. Fusilamientos del 3 de Mayo.



Este es el mejor artículo que se ha escrito en la web sobre los sucesos que acontecieron en Madrid en el Levantamiento del 2 de Mayo de 1808. Te aconsejamos que te sientes y disfrutes porque, cuando hayas terminado, te harás un experto u experta del tema.

Índice del artículo

Resumen

Si quieres conocer los trágicos acontecimientos que se sucedieron en Madrid, estás en el lugar indicado. El artículo que tienes ante ti es un relato pormenorizado de los hechos que cambiaron el rumbo de la historia. Sigue leyendo y disfruta.

¬ŅQu√© fue el alzamiento del Dos de Mayo?



En resumen, fue una revuelta espont√°nea del pueblo de Madrid que sali√≥ a las calles para enfrentarse contra las tropas de ocupaci√≥n francesas de Napole√≥n. Adem√°s de los acontecimientos hist√≥ricos que sucedieron, el 2 de mayo de 1808 se ha convertido en una fecha con un significado simb√≥lico muy fuerte. Tuvo grandes consecuencias pol√≠ticas en los siguientes a√Īos, origin√≥ la Guerra de la Independencia espa√Īola contra los franceses y, desde entonces, se ha venido utilizando como justificaci√≥n patri√≥tica de determinadas ideolog√≠as en algunos momentos de la historia de Espa√Īa. Nos conviene recordar lo que all√≠ sucedi√≥ y sacar una lecci√≥n de ello.

¬ŅD√≥nde se produjo el 2 de Mayo?

El levantamiento popular tuvo su origen en Madrid, la capital del reino. La violencia que se gener√≥ en sus calles hizo correr como la p√≥lvora la noticia en otras ciudades de Espa√Īa. Muy pronto todo el pa√≠s se levant√≥ en armas contra los franceses, inici√°ndose la Guerra de la Independencia espa√Īola.

Causas del Levantamiento del 2 de Mayo de 1808

¬ŅPor qu√© se produjo el Levantamiento del 2 de Mayo? Las causas son m√°s complejas de lo que parecen. La ocupaci√≥n francesa fue el motivo principal, pero Espa√Īa ya ven√≠a lastrando serios problemas.

La familia de Carlos IV. Pintura de Goya
Cuadro titulado La familia de Carlos IV, obra de Francisco de Goya. En la pintura están representados los infantes Carlos María Isidro, Francisco de Paula, Carlota Joaquina, María Josefa, María Luisa, Gabriel Antonio y Carlos Luis. También se observa a Luis de Etruria, esposo de María Luisa. Esta carga en brazos a su hijo Carlos Luis. Otras figuras son los reyes Carlos IV y María Luisa de Parma, el príncipe Fernando y su esposa María Antonieta. Al fondo a la izquierda aparece el propio Goya.

El panorama pol√≠tico de Espa√Īa

Carlos IV reinaba desde 1789, pero solo era una figura decorativa. Quien de verdad llevaba todos los asuntos del reino era Manuel Godoy, el llamado Pr√≠ncipe de la Paz. Godoy hab√≠a puesto fin a la guerra contra Francia en la paz de Basilea de 1795, recibiendo este famoso t√≠tulo. A partir de aqu√≠, Espa√Īa presta constante ayuda militar a Francia para su empresa contra Gran Breta√Īa.

En 1796 se firma el tratado de San Ildefonso que arrastra al pa√≠s a una guerra naval contra Gran Breta√Īa. M√°s adelante, en 1802, se firma la paz de Amiens, que para las hostilidades. Pero durar√° muy poco. En Francia Napole√≥n es declarado Emperador e insta a Espa√Īa, que sufre la pirater√≠a inglesa, ha declarar de nuevo la guerra a los ingleses.

El 21 de octubre de 1805, las flotas navales espa√Īola y francesa son aniquiladas por la brit√°nica en Trafalgar. Despu√©s de este descalabro, Espa√Īa deja de ser una potencia mar√≠tima, lo que tendr√° graves consecuencias en un futuro para sus colonias de ultramar.

Con el desarrollo de estos acontecimientos, la monarqu√≠a espa√Īola va entrando poco a poco en la esfera de influencia del pa√≠s vecino, convirti√©ndose en una aliada sat√©lite de Francia.

Retrato de Manuel Godoy. Pintura de Francisco de Goya
Cuadro de Francisco de Goya: retrato de Manuel Godoy, duque de Alcudia, Príncipe de la Paz

El tratado de Fontainebleu

La estrategia de Napole√≥n contra su enemigo ingl√©s pasaba por realizar un bloqueo continental que terminara por asfixiar su econom√≠a. Espa√Īa, como aliada, se ve√≠a obligada a colaborar en el bloqueo. El 27 de octubre de 1807 se firma el tratado de Fontainebleu en el que se estipulaba el futuro reparto de Portugal. Una de las clausulas del tratado ten√≠a una importancia hist√≥rica: se preve√≠a la introducci√≥n en la Pen√≠nsula de unos 28 000 soldados franceses para la invasi√≥n de Portugal.

La cada vez mayor influencia francesa en Espa√Īa estaba bendecida por Godoy, pero sobre todo la allan√≥ las constantes intrigas palaciegas. Godoy no era un figura muy bien vista por el pueblo. Fernando VII, hijo de Carlos IV, se aprovech√≥ de esta situaci√≥n y se enfrent√≥ contra la mano derecha de su padre. En torno al pr√≠ncipe de Asturias se form√≥ el denominado ‚Äúpartido napolitano‚ÄĚ que comenz√≥ a intrigar contra el Pr√≠ncipe de la Paz.

Retrato de Fernando VII en el Levantamiento del 2 de Mayo

Fernando VII (1784-1833) es, para muchos historiadores, el peor rey que ha tenido Espa√Īa. Y, sin embargo, para el pueblo siempre hab√≠a sido El Deseado. Durante la Guerra de la Independencia, mientras el pueblo espa√Īol derramaba su sangre contra los franceses para lograr su vuelta al trono, Fernando no dudaba en felicitar a Napole√≥n por sus √©xitos militares en la Pen√≠nsula. Los pat√©ticos y bochornosos acontecimientos de Bayona nunca salieron a la luz p√ļblica. Napol√©on, en su primera entrevista con Fernando, ya se hizo una idea de la capacidad intelectual y la poca voluntad que pose√≠a el monarca espa√Īol.

Fue un rey muy vengativo, tal y como actu√≥ tras el golpe militar liberal de Riego. Durante su reinado, Espa√Īa perdi√≥ una oportunidad de oro de instaurar un s√≥lido r√©gimen liberal. Los enfrentamientos entre conservadores y liberales, que tanto alent√≥, ser√°n un problema estructural que acompa√Īar√° al pa√≠s hasta bien entrado el siglo XX.

Fernando VII nunca estuvo a la altura de las circunstancias de un tiempo complejo y dif√≠cil para Espa√Īa.

Las intenci√≥n de Fernando VII era conseguir el trono de Espa√Īa cuanto antes, sin importar que estuviera reinando su padre. Comienza una campa√Īa de desprestigio contra Godoy que, en √ļltima instancia, deriv√≥ en un complot que termin√≥ siendo descubierto. El pr√≠ncipe fue juzgado en el proceso de El Escorial. El juicio fue solo un falsa, pues Fernando VII termin√≥ pidiendo perd√≥n a su padre y fue absuelto.

La invasi√≥n de Espa√Īa por las tropas francesas

El 18 de octubre de 1807, en aplicaci√≥n del tratado de Fontainebleu, un primer ej√©rcito franc√©s entra en Espa√Īa y se dirige hacia Portugal. Los franceses entran en Lisboa el 30 de octubre y conquistan el pa√≠s de forma r√°pida y f√°cil. Los monarcas lusos, en previsi√≥n de lo que le iba a ocurrir al pa√≠s, se exilian a Brasil.

El 21 de noviembre entra en Espa√Īa un segundo ej√©rcito para proteger la retaguardia del primero, al mando del general Dupont, que se instala en Burgos y Salamanca. Pero esto no acabar√° aqu√≠: sucesivos ej√©rcitos franceses van cruzando los Pirineos y se instalan en Pamplona y San Sebasti√°n.

Con la excusa de la invasi√≥n a Portugal, aliada de Gran Breta√Īa, Napole√≥n pretende conquistar militarmente Espa√Īa de manera pac√≠fica. Su estrategia le est√° saliendo bien. En total, 65 000 soldados franceses se han instalado por todo el pa√≠s. Es un verdadero ej√©rcito de ocupaci√≥n que el Emperador pone en manos de Murat, Gran Duque de Berg.

Joaquín Murat

Joaqu√≠n Murat se convirti√≥ en un figura clave en el levantamiento del Dos de Mayo. El mariscal franc√©s, que entr√≥ en Espa√Īa en 1808 con el rango de comandante del ej√©rcito y gobernador de Madrid, dirig√≠a el supremo mando de las tropas francesas en Espa√Īa.

Mientras tanto, la presencia francesa alarmaba cada vez m√°s a la poblaci√≥n. La familia real, inquieta por los acontecimientos, se traslada a Aranjuez con la intenci√≥n, llegado el momento, de embarcarse hacia Am√©rica si la situaci√≥n se descontrolaba.

Algunos motines contra Godoy terminaron por decidir a Carlos IV por abdicar a favor de su hijo Fernando. Los acontecimientos de Aranjuez pusieron en evidencia el odio que el pueblo procesaba por la figura de Godoy, y la simpatía que mostraba por Fernando.

Las abdicaciones de Bayona

El acceso al trono de Fernando VII fue bien recibido en Espa√Īa. Pero esto no diluy√≥ el hecho de que las tropas francesas segu√≠an en territorio espa√Īol. Mientras, Murat segu√≠a inmiscuy√©ndose en los asuntos espa√Īoles. Dej√≥ caer a Napole√≥n la idea de aprovechar las circunstancias que se hab√≠an creado con la abdicaci√≥n de Carlos IV  para inter√©s de Francia.

Retrato de Joaquín Murat. Levantamiento del 2 de mayo
Joaqu√≠n Murat (1767-1815), duque de Berg, mariscal de Francia y rey de N√°poles. Su gesti√≥n de los sucesos de Madrid el 2 de mayo y d√≠as posteriores se bas√≥ en una dura represi√≥n que termin√≥ por alentar a la sublevaci√≥n de las fuerzas contrarias a la ocupaci√≥n francesa. El bando que public√≥ tras los sucesos no dejaba duda alguna de sus intenciones: fusilar a todo aquel que haya participado en la rebeli√≥n. Como dice el refr√°n ¬ęel que a hierro mata a hierro muere¬Ľ, Murat se ver√≠a m√°s adelante frente a un pelot√≥n de fusilamiento que acabar√≠a con su vida un 13 de octubre de 1815.

Carlos IV comenzó a pedir al Emperador la protección para él y para Godoy. Por su parte Fernando VII, ansioso por ser reconocido por Napoleón, lleva a cabo una política sumisa a los intereses franceses.

Este panorama fue √°gilmente aprovechado por Napole√≥n para invitar a Fernando VII  a un encuentro. El regente sali√≥ de Madrid dejando al poder a una Junta Suprema de Gobierno rumbo a la entrevista con el m√°ximo dignatario franc√©s. Fernando pensaba que se producir√≠a en territorio espa√Īol. En Burgos, donde hizo una parada, Saravy, el enviado por Napole√≥n, le convence para que se traslade hacia Vitoria. El monarca espa√Īol sab√≠a de la encerrona. Bajo amenaza de restaurar en el trono a su padre, Napole√≥n le pide que se dirija hasta Bayona. Fernando se pliega a su voluntad y sale del pa√≠s.

En Bayona Napole√≥n le comunic√≥ a Fernando su intenci√≥n de que los borbones dejaran de reinar en Espa√Īa. Le impuso un ultim√°tum: o renuncia al trono o comenzar√≠a a negociar con su padre, que en esos momentos tambi√©n estaba llegando a la ciudad francesa.

Carlos IV y Fernando VII renunciaron a su derecho al trono. Napole√≥n era amo y se√Īor de Espa√Īa: su ej√©rcito la hab√≠a ocupado, la Junta de Gobierno, √ļnico instituci√≥n soberana, estaba plegada totalmente a las √≥rdenes de Murat, y ahora ten√≠a el poder de decidir a qui√©n poner en el trono de Espa√Īa.

Historia del levantamiento del 2 de mayo



‚ÄúA los espa√Īoles les gusta renegar de su pa√≠s y de sus instituciones, pero no permiten que lo hagan los extranjeros.‚ÄĚ

Napoleón Bonaparte

Esta era la situaci√≥n de Espa√Īa justo antes del alzamiento del 2 de Mayo: con los dos soberanos espa√Īoles enfrentados y en manos del Emperador franc√©s; y con Murat en Madrid dirigiendo los designios espa√Īoles, con una Junta de Gobierno plegada a su voluntad.

Murat solicitó a la Junta trasladar a la reina de Etruria y al infante Francisco, pero esta se niega. Una carta de la reina en la que pide reunirse con su padre convence a la Junta, y termina doblegándose a los deseos de Murat. Empiezan a organizar su traslado, pero nadie pensó las consecuencias imprevisibles que tendría esta decisión.

Los rumores

A primer√≠sima hora de la ma√Īana del 2 de mayo de 1808 tres carruajes de caballos se sit√ļan en la puerta del Pr√≠ncipe del Palacio Real. Una docena de madrile√Īos, que pasan por el lugar, ojean curiosos lo que est√° ocurriendo. Como mecha que prende la p√≥lvora, los rumores se van extendiendo cada vez m√°s por la capital del reino. Entre las gentes se comenta que Murat, el odiado lugarteniente de Napole√≥n, quiere llevarse a Francia a don Francisco de Paula y Mar√≠a Luisa de Borb√≥n (la reina de Etruria), ambos hijos de Carlos IV y hermanos, a su vez, de Fernando VII; tambi√©n eran los √ļltimos de la familia real que a√ļn quedan en Espa√Īa.

Los rumores que circulan son muchos y muy variopintos, pero todos coinciden en que a Fernando VII lo tienen retenido contra su voluntad.  Conforme se despierta la ma√Īana grupos de personas van tomando las calles y dirigi√©ndose a la puerta del Sol.

Los d√≠as anteriores se hab√≠an saldado con una tensa calma rodeada de una nebulosa de opiniones, rumores y chistes que nada dejaban ver la realidad, si esta se pod√≠a llegar a atisbar. Los incidentes entre franceses y madrile√Īos iban en aumento cada d√≠a, y Murat hab√≠a sido abucheado varias veces por la poblaci√≥n. Sin duda los √°nimos estaban muy crispados.

La Junta Suprema de Gobierno

Antes de partir al encuentro con Napoleón, Fernando VII ordenó instaurar una Junta Suprema en su ausencia. Nombró a su tío, el infante Antonio Pascual, presidente de este órgano regente. Al fin y al cabo, y en la práctica, la Junta no hacía nada que molestase a los franceses.

Las autoridades se preocupaban por aplacar los ánimos y no provocar a las tropas francesas. Pero la Junta es más débil a cada día que pasa, y los franceses muestran más su arrogancia de conquista y sometimiento. De hecho, a los 3500 miembros de la guarnición de Madrid se les había retirado las municiones por orden del capitán general, don Francisco Javier Negrete. Es por este motivo por el cual se hacía muy difícil dispersar a las gentes que se estaban reuniendo en la puerta del Sol. Se habían enviado a varios guardias para ese cometido, pero las personas iban en aumento conforme pasaban los minutos.

Mientras que el odio se va apoderando de las calles madrile√Īas, la Junta est√° reunida discutiendo qu√© hacer ante el ultim√°tum que les ha presentado Murat. Quiere que la Junta se subordine a √©l, en caso contrario tomar√° el mando supremo. La reuni√≥n la preside el infante don Antonio, pero en ella est√°n ilustres personalidades como Francisco Gil de Lemus (ministro de Marina) o el general Gonzalo O¬īFarril (representante del Ej√©rcito), entre otros distinguidos.

Deciden satisfacer los deseos franceses y aceptan el traslado a Bayona de los dos miembros de la familia real que a√ļn quedan en Madrid. Ordenan, adem√°s, el acuartelamiento de las tropas espa√Īolas y nombran una nueva Junta que ha de actuar fuera de Madrid. Este √ļltimo punto se toma en rebeld√≠a al poder franc√©s; pero es solo una pataleta, en lo m√°s importante la Junta se ha plegado a las exigencias de Murat.

¬°Que nos lo llevan!

La gente reunida comienza a propagar historias sobre Fernando VII: que si está retenido por Napoleón y ha conseguido escapar; que si está a punto de llegar a Madrid; que si, que si… Y cada vez más gente congregada que intercambia los amargos conflictos que han tenido (o que han visto) con los ocupantes franceses.

Retrato de Napole√≥n Bonaparte. Guerra de la Independencia espa√Īola
Napole√≥n Bonaparte (1769- 1821) fue la persona m√°s influyente de la Europa del siglo XIX. Puso todo el continente en pie y removi√≥ todos sus cimientos. Su capacidad intelectual, as√≠ como su inteligencia militar, est√°n a la altura de sus conquistas. En torno a √©l hay muchos mitos, uno de ellos, su baja estatura. Sin embargo, sus 1,70 cent√≠metros, promedio de la √©poca, vienen rebatir esa gran mentira hist√≥rica. Con 20 a√Īos ascendi√≥ a oficial de artiller√≠a, comenzando un ascenso mete√≥rico que le convertir√≠a en c√≥nsul de Francia y, posteriormente, emperador, hasta ser el due√Īo de casi toda Europa. Solo Gran Breta√Īa, la eterna enemiga, le quitar√≠a el sue√Īo. Su gloria comenz√≥ a decaer con el fracaso de la invasi√≥n de Rusia. Fue confinado en la isla de Santa Elena, y su muerte a√ļn sigue generando muchas controversias y teor√≠as de todo tipo. Licencia

En el Palacio Real dos de los carruajes se marchan llevando consigo a la reina de Etruria y sus hijos. Solo queda un solo carruaje y, en el interior del Palacio, el infante don Francisco espera su turno para salir rumbo a Bayona. En la explanada del Palacio son a√ļn muy pocos los que est√°n observando la escena; uno de ellos es Jos√© Blas de Molina Soriano, un cerrajero de profesi√≥n cuya aportaci√≥n ese d√≠a pasar√° a la historia. Es un ferviente defensor de Fernando VII, al que le profesa una admiraci√≥n irracional. Viendo lo que est√° ocurriendo decide tomar cartas en el asunto. El humilde cerrajero va directamente al carruaje y se planta enfrente, vociferando a pleno pulm√≥n:

¡Traición! ¡Se llevan al infante!

La mecha acaba de ser prendida.

Las órdenes de Murat

La gente que se ha congregado en la explanada del Palacio Real va en aumento, así como los gritos: ¡traición! ¡Se llevan al infante don Carlos! ¡Mueran los franceses! En ese momento el infante sale al balcón de Palacio para calmar los ánimos; pero justamente ocurre todo lo contrario.

Algunos cortan las cuerdas del carruaje y dos centinelas franceses acuden hacia la multitud. Los habr√≠an matado si no hubiese intervenido un soldado espa√Īol. Pero parece que ya nada se puede detener. El gent√≠o enloquece y busca sangre francesa, y entre los cabecillas est√° el cerrajero Molina. La turba divisa a un soldado franc√©s y, con furia incontenida, se lanzan contra √©l. Es la primera de las muchas muertes que habr√° ese d√≠a.

Ante los acontecimientos que se est√°n dando, se traslada al lugar un batall√≥n de granaderos de la Guardia Imperial acompa√Īados por dos piezas de artiller√≠a. Tienen la clara orden de Murat de dispersar a los all√≠ congregados a fuerza de disparos. Los soldados franceses se despliegan en formaci√≥n y apuntan con sus fusiles. Los granaderos abren fuego contra la masa de personas, que son m√°s de 500 almas. El caos que viene despu√©s se mezcla con los gritos de sorpresa de los que han sobrevivido a la primera descarga y de los que est√°n en el suelo heridos. Pero el fuego no para y los soldados lo intensifican. Muchos cuerpos yacen en el suelo entre charcos de sangre; los que pueden intentan huir del lugar; otros se quedan a ayudar a los que conocen y caen tambi√©n muertos. La respuesta francesa ha sido contundente.

¬°Armas! ¬°Armas!

La descarga de fusiler√≠a se ha escuchado por todo el centro de Madrid. Los nervios, que estaban ya a flor de piel, se desatan. Los acontecimientos que se han producido en la explanada del Palacio Real es la gota que colma el vaso para los madrile√Īos. Gentes asustadas y manchadas de sangre corren por las calles gritando y clamando venganza. Pero tambi√©n pidiendo armas. Toda la ciudad ya es un clamor y da comienzo una caza de todo aquel que sea franc√©s, o se le parezca, puesto que la turba no suele preguntar esos detalles concretos.

Algunos soldados franceses, pillados solos y desprevenidos, son asesinados por grupos de personas, a palos y pedradas. Muchos morirán así. La arrogancia francesa en la ocupación está pasándoles factura. El grito se hace cada vez más intenso pidiendo armas, y el odio ya es incontrolable.

Desarrollo de la batalla del Dos de Mayo



Por todo Madrid los encolerizados habitantes buscan a los soldados franceses que puedan encontrar y los asaltan. Muchos mueren, mientras algunos se salvan escondi√©ndose en iglesias y conventos; otros los auxilian sus propios compa√Īeros de armas.

Los hombres, acompa√Īados por mujeres, llevan todas las armas que tienen: palos, hachas, espadas, navajas, cuchillos, trabucos o pistolas. Los due√Īos de los comercios echan el cierre a la vista de lo que ocurre. Madrid se prepara para un d√≠a sangriento.

Se juntan partidas de personas y los disturbios se van transformando, lentamente, en una insurrecci√≥n general. Estas partidas estaban formadas por personas de clase baja, de profesiones humildes como obreros, funcionarios, artesanos y comerciantes. Las clases altas se mantienen al margen. Son muchos a los que se les acusa de afrancesados. A pesar de ello, hay alg√ļn que otro noble que se atreve a salir a la calle para luchar contra el invasor.

Malasa√Īa y su hija se baten contra los franceses en una de las calles que bajan del parque a la de San Bernardo. 2 de Mayo de 1808. Cuadro de Eugenio √Ālvarez Dumont.
T√≠tulo: Malasa√Īa y su hija se baten contra los franceses en una de las calles que bajan del parque a la de San Bernardo. Dos de mayo de 1808. Esta pintura muestra el momento en el que Juan Malasa√Īa ataca al drag√≥n franc√©s que acaba de asesinar a su hija, la famosa Manuela Malasa√Īa. Cuadro de Eugenio √Ālvarez Dumont.

Tambi√©n hay quien intenta poner algo de paz a lo que ya no tiene remedio. Muchos madrile√Īos protegen y salvan la vida de los soldados franceses que son pillados por las calles, desprevenidamente, por grupos que van a su cazas. A veces anteponi√©ndose entre ellos y la turba que los quiere matar; otras escondi√©ndolos en sus casas. Muchos franceses deben la vida a estas acciones humanitarias. Las realizan personas de las clases medias que, si bien no ven con buenos ojos la ocupaci√≥n francesa, tampoco les gusta que la situaci√≥n pase a manos de cabecillas descontrolados. Frente al vac√≠o de poder que ha dejado la corona, los franceses, piensan, son un mal menor.

Los edificios donde se afinan los franceses (el Hospital General y el edificio de Correos) son rodeados. Las tropas espa√Īolas, que supuestamente tienen que controlar la situaci√≥n, est√°n desconcertadas y, sobre todo, desarmadas. No saben c√≥mo actuar ni en qu√© bando situarse. Las √≥rdenes de sus superiores hab√≠an sido claras: ‚Äúrespetar a los franceses y mantener el orden‚ÄĚ, pero con Madrid envuelta en una vor√°gine de lucha y sangre esas √≥rdenes deb√≠an actualizarse. La inmensa mayor√≠a rezaba por no tener que reprimir a sus propios compatriotas. Pero a estas alturas ya todo era posible.

La reacción francesa

En el palacio de Grimaldi, Murat, el gran duque de Berg, ha instalado su Cuartel General. La oficialidad francesa está viviendo los sucesos con gran nerviosismo. Multitud de soldados entran y salen del palacio con órdenes.

Dentro de la ciudad hay acantonados 10 000 soldados imperiales, 20 000 m√°s en las afueras, y el ej√©rcito del general Dupont a un d√≠a de marcha de Madrid. En las tropas francesas de Madrid se integran batallones tan profesionales y experimentados como los de Prusia y Westfalia, as√≠ como dragones, coraceros, granaderos y jinetes. Todo un ej√©rcito verdaderamente profesional, fogueado en los campos de Europa, y dirigidos por una oficialidad muy preparada y experta. Por algo Napole√≥n era due√Īo y se√Īor de casi todo el continente.

Tal y como hab√≠a pasado en otras ciudades europeas, Murat pensaba que un escarmiento r√°pido y sangriento a la poblaci√≥n resolver√≠a el problema de su indisciplina. Pero la realidad era que todo se le est√° yendo de las manos. No esperaba para nada esta explosi√≥n del populacho, y su cabreo va en aumento al conocer los informes que le llegan de sus soldados: muchos han muerto, incluido alg√ļn que otro ilustre, como el hijo del general Legrand, y otros est√°n retenidos por la turba en sus casas sin poder salir. Murat se da cuenta de algo espantoso. Su ej√©rcito est√° en una ciudad donde todos sus habitantes quieren matarlos. No hay un frente de batalla claro, ni tampoco un ej√©rcito visible delante. Est√°n completamente rodeados.

Murat da orden de proteger el palacio de Grimaldi, donde se encuentra, y el Palacio Real. Indica a sus tropas que abran fuego contra los grupos de gente, y ordena inmediatamente que los 20 000 soldados imperiales de las afueras entren para reforzar a los que ya se encuentran en su interior. La estrategia a seguir es tomar los puntos principales de la ciudad como grandes avenidas y plazas, para aislar los barrios, dificultar la comunicación de los insurrectos y facilitar el aplastamiento de la revuelta. Para este fin saldrán seis columnas de soldados, cada una con un objetivo asignado.

¬ŅQu√© ocurri√≥ el 2 de Mayo?

Los madrile√Īos, armados con escopetas y trabucos (que hab√≠an logrado coger de sus casas) foguean a las tropas francesas desde las calles, ventanas y balcones. Las mujeres tiran piedras y maceteros a todo soldado que pasa bajo sus balcones. Varios grupos intentan avanzar hacia el Palacio Real, pero se encuentran con tropas francesas que descargan sobre ellos. Los soldados, rotos de la furia al ver a sus compa√Īeros muertos o heridos, no tienen ninguna compasi√≥n en disparar a todo el que se pusiese por delante. Incluso de perseguir a los fugitivos que es escapan del fuego.

El dos de mayo de 1808 en Madrid. Escenas en la calle de Cuchilleros
El dos de mayo de 1808 en Madrid. Escenas en la calle de Cuchilleros. Ilustraci√≥n de √Āngel D√≠az Huertas.

Algunos grupos deciden dirigirse hacia una de las puertas (la de Toledo) para impedir la entrada de la caballería cosaca en la ciudad. Otros acuden a otras puertas de la ciudad con la misma intención: bloquear la entrada a las tropas francesas. La situación se torna ya en una verdadera batalla. Los franceses avanzan por las calles disparando a todos los grupos que se encuentran, sean sublevados o, simplemente, curiosos. Incluso hacen fuego contra las personas que se asoman a ventanas y balcones.

Murat decide trasladar su Cuartel General a las caballerizas del Palacio Real. La situación se complica y se busca un sitio donde poder replegarse en caso de que la insurrección no pueda aplastarse. Al mismo tiempo intenta coordinar a las tropas que deben confluir hacia el centro, pero muchos de los hombres que ha enviado como mensajeros han sido interceptados y asesinados.

Goya y el levantamiento del Dos de Mayo

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). Retrato de Vicente L√≥pez Porta√Īa
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). Retrato de Vicente L√≥pez Porta√Īa. Sin duda, uno de los mejores pintores espa√Īoles, un m√©rito enorme, pues Espa√Īa es un pa√≠s que ha dado verdaderos portentos en la pintura. Fue un hombre inteligente e ilustrado, por eso no es de extra√Īar que la Inquisici√≥n lo persiguiera. Termin√≥ huyendo a Francia, procurando alejarse de frailes intolerantes y reyes corruptos. Pero nos dej√≥ su obra, de la cual seguimos disfrutando.

Uno de los m√°s insignes pintores espa√Īoles de todos los tiempos ser√° testigo privilegiado de los sucesos del 2 de mayo. Desde la ventana de su casa, Francisco de Goya y Lucientes observa al gent√≠o ir y venir, aunque apenas lo escucha, pues una rara enfermedad lo ha dejado sordo.

Goya es especial. Es un hombre con unas ideas m√°s avanzadas que el resto, enemigo de la Inquisici√≥n y los frailes, y amigo de numerosas personalidades de la cultura. Eso es lo que reflejan sus obras. Sus ideas le han puesto en el punto de mira: ¬°es un afrancesado! Su angustia nace del sentimiento de pertenencia a un pueblo que considera inculto y corrupto, con la aceptaci√≥n de las ideas que provienen de la Ilustraci√≥n, que para √©l son aire fresco en una Espa√Īa que no quiere cambiar. El 2 de mayo decidir√° quedarse en su casa, intuyendo la tragedia que se avecina.

Los héroes del 2 de mayo



Luis Daoiz y Pedro Velarde pasarán a los libros de historia gracias a sus actuaciones el 2 de mayo. Terminarán siendo considerados héroes, aunque ellos no lo pretendían.

Luis Daoiz y Torres

Luis Daoiz naci√≥ en Sevilla en 1767. Pertenec√≠a a una familia noble y su padre lo ingres√≥ en el ej√©rcito en 1782, a la edad de 15 a√Īos. Entr√≥ como cadete en el prestigioso Real Colegio de Artiller√≠a de Segovia, lugar en el cual desarroll√≥ toda su carrera militar de forma muy profesional, acorde con su personalidad de militar de carrera. Con el grado de subteniente se present√≥ voluntario en la defensa de Ceuta y m√°s tarde fue enviado a Argelia, donde fue ascendido a teniente.

Estatua de Luis Daoiz. Levantamiento del 2 de Mayo
Estatua en homenaje a Luis Daoiz en la Plaza de la Gavidia de Sevilla. Licencia

Cuando estall√≥ la Revoluci√≥n francesa Daoiz luch√≥ contra las tropas francesas revolucionarias en el Rosell√≥n. Despu√©s ingres√≥ en la Armada espa√Īola como personal de tierra combatiendo a los ingleses en el sitio de C√°diz. Se le destin√≥ al nav√≠o San Ildefonso  y parti√≥ rumbo a La Habana para defender las colonias americanas.

Cuando regres√≥ a Espa√Īa fue mandado de nuevo a tierra, al regimiento de artiller√≠a de Sevilla. En 1807 su regimiento traslad√≥ a una compa√Ī√≠a a Madrid, y Daoiz solicit√≥ ir a la capital, siendo nombrado comandante de la bater√≠a del parque de artiller√≠a de Montele√≥n.

Y ese puesto está cuando Madrid explota en una insurrección. Como máxima autoridad en el parque de artillería, tiene el dilema de gestionar a una multitud que golpea la puerta pidiendo a gritos armas. Sus subordinados esperan órdenes, pero Daoiz, militar calmado, culto y con muchas batallas a sus espaldas, intenta aplacar los ánimos y cumplir las órdenes de sus superiores. Por ahora.

Pedro Velarde y Santill√°n

Pedro Velarde naci√≥ en Muriedas, Cantabria, en 1779. Con 14 a√Īos entr√≥ (tal y como hizo Daoiz 11 a√Īos antes) en el Real Colegio de Artiller√≠a de Segovia. Recibi√≥ el grado de subteniente y fue destinado a la guerra de Portugal. En 1802 ascendi√≥ a teniente y, dos a√Īos despu√©s, a capit√°n.

Posteriormente fue nombrado secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería y trasladado a Madrid en 1806. Tras la invasión de las tropas napoleónicas de la península, Velarde, junto a Daoiz, elaboraron varios planes de levantamiento que no terminaron de funcionar.

Monumento a Pedro Velarde el 2 de mayo de 1808
Monumento dedicado a Pedro Velarde en Santander. Licencia

A diferencia del calmado Daoiz, Velarde es todo nervio. Justo cuando el pueblo de Madrid lucha en las calles, el capit√°n est√° junto a su superior, el coronel Navarro Falc√≥n, en las oficinas de la Junta de Artiller√≠a. La discusi√≥n entre ambos es acalorada. Velarde le reprocha su inacci√≥n ante el ultraje franc√©s. Navarro se mantiene fiel a las √≥rdenes recibidas y ordena al capit√°n Velarde que no se mueva del lugar. Dejar que se marche al cuartel de artiller√≠a ser√≠a arriesgarse a que convenciera a su amigo y compa√Īero Daoiz para tomar parte en los enfrentamientos. Y eso no lo pod√≠a permitir.

Pero Velarde es incontrolable. Decide marchar para combatir pese a las órdenes de su superior que recibe en forma de gritos. Por azar de la historia, Velarde será uno de los protagonistas del 2 de Mayo.

El parque de artillería de Monteleón

La frustraci√≥n de los madrile√Īos echados a las calles va en aumento. No pueden enfrentarse de igual manera a los soldados franceses. No tienen armas. Algunas voces comienzan a levantarse sobre otras: ¬°al parque de artiller√≠a! Es el lugar donde est√°n almacenados los fusiles y los ca√Īones.

En el parque de Monteleón se encuentra el capitán Daoiz. Afuera la muchedumbre es cada vez más numerosa, y reclama armas. Daoiz había sido enviado por el coronel Navarro Falcó para que controlase la situación con las órdenes de no sacar a la tropa ni armar a la población. Sin embargo varios grupos llegan hasta el parque (no sin sufrir bajas durante el trayecto) y se unen a los que ya están allí.

Los enfrentamientos



Las tropas francesas siguen su camino intentando confluir hacia la Puerta del Sol, tomada por los madrile√Īos. Durante el trayecto interceptan numerosas partidas de revoltosos que son r√°pidamente disueltas con fuego muy efectivo. Ninguna tiene la capacidad de enfrentarse a soldados experimentados, bien preparados y armados.

La caballería de la Guardia Imperial

La caballería del general Grouchy está preparada para avanzar desde una de las puertas del Buen Retiro. Está compuesta por jinetes de mamelucos y dragones, cazadores a caballo y granaderos. Su misión es llegar a la Puerta del Sol y a la plaza Mayor y despejarlas, coordinándose con la infantería y la caballería que llegarían de otros puntos.

Deciden avanzar por dos vías: la calle Alcalá, el camino más largo pero más seguro, pues la calle es ancha y permite el avance organizado de la caballería, conduciendo directamente hacia la Plaza Mayor; y por San Jerónimo, recorrido más corto, pero con calles más estrechas no exentas de peligro, que desemboca en la Puerta del Sol.

Cuadro del Levantamiento del 2 de Mayo o La carga de los mamelucos

El 2 de Mayo en Madrid o la carga de los mamelucos. Franciso de Goya.
Obra titulada El 2 de Mayo en Madrid, aunque también se la conoce como La carga de los mamelucos. Es uno de los cuadros más famosos de Francisco de Goya.

Mientras que la caballería de la Guardia imperial comienza a avanzar por San Jerónimo, las restantes fuerzas francesas en las afueras de la ciudad se preparan para entrar por las diferentes puertas y converger en el centro.

A pesar de que se encuentran sin armas de fuego, los madrile√Īos siguen oponi√©ndose al avance de las tropas francesas por todos sitios. En el paseo del Prado la caballer√≠a de la Guardia tiene su primer choque con un grupo de insurrectos formados por algunos soldados espa√Īoles que han desobedecido a sus mandos para unirse a la refriega. Los enfrentamientos son muy duros, con bajas en ambas partes.

Jacinto Ruiz y Mendoza

El teniente Jacinto Ruiz Mendoza estaba enfermo y con fiebre el 2 de mayo de 1808. Desde la cama escuchó las primeras descargas de fusilería.

Ruiz y Mendoza hab√≠a nacido en Ceuta el 16 de agosto de 1779 y su padre era subteniente de infanter√≠a. A los 16 a√Īos entr√≥ como cadete en el regimiento de Ceuta y, con el grado de subteniente, fue destinado al regimiento de Voluntarios del Estado, en Madrid. En la capital ascendi√≥ a teniente, y eso que a√ļn no hab√≠a participado en ninguna guerra.

El teniente se levantó de la cama, a pesar de la fiebre, y salió a la calle para dirigirse al cuartel de la Mejorada, sede de su regimiento. Era su deber estar en su puesto en las horas tan críticas que están aconteciendo. Cuando llega al cuartel su superior, el coronel Estaban Giraldes, está encolerizado. Su tropa está a punto de insubordinarse. Quieren ir a luchar contra los franceses (incluido el propio Ruiz) a pesar de las órdenes dadas por sus mandos de no involucrarse.

Monumento en honor a Jacinto Ruiz Mendoza en la plaza del Rey, Madrid
Monumento en honor a Jacinto Ruiz Mendoza en la Plaza del Rey, Madrid

En esas estaban cuando apareci√≥ por el cuartel, junto a una cuadrilla, el capit√°n  Pedro Velarde. La discusi√≥n entre √©ste y el Coronel Esteban Giraldes es agria. Velarde quiere acudir al parque de artiller√≠a, donde se encuentra Daoiz con muy pocos hombres, para reforzarlo. Los franceses acudir√≠an muy pronto all√≠ sabiendo que las armas se encuentran en ese lugar. Es un punto clave que m√°s temprano que tarde los franceses tomar√≠an.

Al final, por la imposición de los hechos y temiendo que su tropa se rebelase contra sus órdenes, el coronel accede a enviar una fuerza al parque de Monteleón. De los que elige para este cometido se encuentra Jacinto Ruiz que, ahora sí, junto a Velarde, marchan a Monteleón a escribir las futuras páginas de la historia.

La matanza de la puerta del Sol

La caballería francesa logra llegar al mismísimo centro de la ciudad desde San Jerónimo. De inmediato los mamelucos llevan a cabo una carga contra toda la gente reunida. Los que no tienen suerte de escapar reciben los mortales sablazos de sus espadas. El gentío se dispersa en desbandada huyendo de los jinetes.

Lo que sigui√≥ despu√©s solo puede catalogarse como una carnicer√≠a. Los madrile√Īos, locos de furia, y tras el impacto de sorpresa inicial, se lanzan contra los jinetes con las armas que tienen a mano. Con sus navajas apu√Īalan los vientres de los caballos, se cuelgan de las monturas y tiran al suelo a numerosos jinetes que ven horrorizados como la turba se les echa encima. Muchos mueren acuchillados.

M√°s mamelucos siguen llegando para ayudar a sus compa√Īeros pero muchos caballos tropiezan con el gent√≠o y se produce un caos de cuerpos humanos y de caballos, chocando unos contra otros, muchos en el suelo ensangrentados, con multitud de voces y gritos que se expanden por el ambiente. La batalla inesperada que se est√° produciendo en Sol est√° resultando ser verdaderamente sangrienta.

¬ę¬ŅSabes qui√©nes fueron los presos de la C√°rcel Real? Protagonizaron uno de los acontecimientos m√°s curiosos de ese d√≠a. Cuando Madrid se est√° desangrando por los enfrentamientos, el director de la C√°rcel Real recibe una carta, en nombre de todos los presos, para que los dejase salir a luchar contra los franceses. Temiendo una rebeli√≥n, el director consisti√≥ que se marcharan con la promesa de volver a prisi√≥n cuando todo terminase. Lo cierto es que cuando Madrid se silenci√≥, de los 56 presos que decidieron salir ah√≠ fuera a luchar, dos murieron, y otros tres desparecieron. El resto, 51 hombres, cumplieron su promesa y regresaron uno a uno, a lo largo de todo el d√≠a, hacia sus respectivas celdas¬Ľ

Los sablazos de los franceses se multiplican, pero al escenario de caos y muerte llegan cada vez m√°s mamelucos y madrile√Īos, que se suman a la carnicer√≠a. Los jinetes sufren ahora los disparos de escopetas, carabinas y trabucos de todo tipo, y de todas partes. La furia hace que los jinetes arrastren a todo el que se cuelga desesperadamente a sus monturas. A cada minuto que pasa, los cuerpos tendidos y ensangrentados, que se dispersan por toda la puerta del Sol, aumentan considerablemente.

Por un momento, sorprendidos por la resistencia, la caballer√≠a retrocede, pero desde San Jer√≥nimo siguen llegando m√°s jinetes que aumentan la atroz matanza de madrile√Īos. Los franceses llevan a cabo poderosas cargas a galope para luego retroceder; y de nuevo lo mismo. Sin embargo una veintena de ellos han muerto.

Cuerpos sin vida de madrile√Īos y franceses se esparcen por todo el centro de la capital. Los grupos se dispersan pero prosigue la resistencia ag√≥nica y la lucha en las calles aleda√Īas a Sol. La infanter√≠a francesa aparece por el oeste, avanzando por la calle Mayor, haciendo pinza con la caballer√≠a que desde el este (calle Alcal√° y San Jos√©) sigue a la carga, luchando con el gent√≠o. Por el sur, en la puerta de Toledo, otro regimiento de caballer√≠a francesa est√° a punto de entrar para confluir tambi√©n hacia el centro.

La puerta de Toledo

Bajo el mando del general Rigaud, varios regimientos de coraceros (casi mil jinetes) están a punto de entrar por la puerta de Toledo, en el sur de la ciudad, rumbo a la Plaza Mayor. Son las tropas francesas que estaban acantonadas fuera y que han sido reclamadas para sofocar la rebelión.

Justo en la puerta se sit√ļan cientos de vecinos dispuestos a bloquear el paso. Se levantan precarias barricadas y todos se arman como pueden para hacer frente a la mejor caballer√≠a de la √©poca.

Cuadro El 2 de Mayo de Eugenio Lucas Vel√°zquez
Cuadro titulado El 2 de Mayo, de Eugenio Lucas Velázquez. Está expuesto en el Museo de Bellas Artes de Budapest, Hungría. Licencia

Al grito de ¬°viva el rey! se abalanzan contra los coraceros franceses justo cuando  van a pasar por el arco de la puerta. Portan todo tipo de armas variopintas, pero muy pocas son efectivas ante los franceses. Consiguen desorganizar las l√≠neas galas y los primeros jinetes son tirados al suelo y apu√Īalados. Los dem√°s intentan como pueden apartar a la gente a ritmo de sablazos.

Se produce el caos. Los jinetes que vienen detr√°s chocan con sus compa√Īeros de delante. La puerta se ha convertido en un embudo y, en su avance, tienen que soportar el fuego desde balcones y ventanas, desde donde tambi√©n les arrojan todo tipo de cosas, incluso agua hirviendo.

Pero pronto son masacrados por la superioridad francesa. Los restos de los supervivientes  suben por la calle de Toledo, en un intento de reorganizarse para seguir combatiendo. Detr√°s dejan multitud de cad√°veres. La matanza ha abrumado a ambos bandos.

La rebelión de Daoiz y Velarde



En el parque de artillería de Monteleón están reunidos Luis Daoiz, Pedro Velarde y Jacinto Ruiz. Sus nombres quedarán grabados para la posteridad pero, por ahora, discuten sobre qué hacer. Velarde quiere luchar, sin embargo Daoiz no quiere desobedecer las órdenes. Para él la lucha contra los franceses no tiene sentido debido a lo desigual de la fuerzas. La población nunca podrá vencer al mejor ejército del mundo.

Mientras contin√ļa el debate entre los oficiales, la gente sigue presionando en la puerta, gritando y reclamando armas para enfrentarse a los franceses. Entre discusiones, Daoiz terminan tomando una decisi√≥n trascendental: armar√° al pueblo y combatir√° a los franceses.

De esta manera se abren las puertas y se reparten armas. Las gentes, viendo al fin cumplidos sus anhelos, portando sus armas correspondientes, se dispersan corriendo por la ciudad para combatir a los franceses.

Echando un vistazo r√°pido, Daoiz sabe que no tiene muchas salidas. Repartir las armas es, en la pr√°ctica, incumplir las √≥rdenes que le han dado. Esto tendr√° consecuencias. Ya no hay m√°s remedio que empezar a trazar un plan para defender el parque de artiller√≠a, a pesar de que son pocos los militares profesionales que all√≠ se encuentran; el resto son vecinos que no saben luchar. El panorama es poco halag√ľe√Īo, pero las circunstancias son las que son, ya no se pueden cambiar.

La lucha se extiende por toda la ciudad

Tras las cargas de caballer√≠a en Sol, los madrile√Īos se dispersan por todo el centro resistiendo unas veces, atacando otras, a los grupos de soldados. Los combates est√°n dejando ya cientos de muertos.

Las fuerzas francesas prosiguen su avance para terminar confluyendo en el centro. Sin embargo siguen encontr√°ndose piquetes de personas que los atacan de forma desprevenida. Desde balcones, ventanas, o tras cualquier esquina, son atacados por gente rabiosa. Al ver a sus compa√Īeros muertos o heridos, los imperiales act√ļan con la energ√≠a extra que les proporciona la sed de venganza. No solo basta matar o dispersar a los grupos que se les oponen; en muchos casos los persigue hasta alcanzarlos y matarlos.

La batalla se recrudece

Los franceses no son capaces, ni siquiera, de asegurar las avenidas anchas por las que est√°n avanzando. Siguen top√°ndose con fuego en todas las calles, desde barricadas, ventanas, balcones y esquinas. Las diferentes fuerzas que por todos los puntos cardinales de la ciudad avanzan hacia el centro no pueden comunicarse.

El 2 de Mayo, de López Enguidanos

El 2 de Mayo en Madrid, de López Enguídanos. Licencia

El avance francés proveniente del oeste se ve obligado a detenerse en varias ocasiones. Es lento, porque a cada piquete la marcha debe ser detenida para limpiar de insurrectos la zona. Pero lo peor de todo son las bajas que están sufriendo los franceses. El mayor y mejor ejército de Europa está en una ratonera, luchando con enfurecidos vecinos, y teniendo las mismas bajas que podrían sufrir en una verdadera batalla.

Con este panorama los franceses ejercen una dura represión. Dan comienzo los primeros fusilamientos. Los desafortunados que son capturados son puestos contra la pared de alguna vivienda y pasados por las armas en el momento. Conforme transcurre el día los franceses, furiosos por la matanza que están sufriendo, ya no dejan a nadie con vida. Muchos de los apresados son llevados a las afueras de la ciudad y fusilados, sin consejo de guerra.

Daoiz organiza la defensa

En el parque de Monteleón comienzan los preparativos para la defensa. En él se encuentran unos 300, entre soldados y personas que han acudido con buena voluntad, pero con nula preparación militar. Los franceses no tardarían en llegar al parque de artillería.

¬ę¬ŅSab√≠as que las esculturas de los leones de las Cortes que presiden la entrada al Congreso de los Diputados, fundidos con el bronce de los ca√Īones capturados en la Guerra de √Āfrica de 1886, reciben popularmente el nombre de Daoiz y Velarde?

Leones Daoiz y Velarde de las Cortes presidiendo la entrada del Congreso de los Diputados
Imagen de uno de los leones que presiden la entrada del Congreso de los Diputados

Se colocan dos piezas de artiller√≠a en la puerta. Daoiz es consciente que su lucha no obtendr√° ninguna victoria. Primero, porque el ej√©rcito espa√Īol, acuartelado por orden de sus mandos, no acudir√≠a a ayudarles; segundo, ten√≠an pocos proyectiles para sus ca√Īones y esto limitaba a√ļn m√°s su capacidad de lucha; y tercero, las gentes que les acompa√Īaban no eran soldados profesionales. Estaban muy motivados, pero no era suficiente. A todas luces la empresa hac√≠a aguas por todas partes.

Velarde y Daoiz organizan a todo el personal. Se distribuye a la gente por todo el recinto, colocando a fusileros en las ventanas y la puerta, así como en los edificios de la calle adyacente, donde comienzan a levantar precarias barricadas.

La lucha en el parque de Monteleón



Al mediod√≠a el ej√©rcito franc√©s ha conseguido tomar las v√≠as principales de la ciudad y sus ca√Īones barren cualquier grupo que les enfrenta. Si bien es verdad que el centro de la ciudad est√° siendo despejado, la ciudad a√ļn dista mucho de estar controlada. Muchos madrile√Īos se esconden por el laberinto de calles para escapara de las temibles cargas de la caballer√≠a francesa. Pero lejos de abandonar, se reorganizan de nuevo para atacar.

Los franceses encuentran grandes complicaciones para terminar de una vez por todas con la insurrección. Es un enemigo atípico que ataca para luego esconderse. No hay un frente de guerra, ni territorio que conquistar. Es una ciudad revuelta en la cual están rodeados de gente que quiere asesinarlos.

La llegada francesa a Monteleón

Una compa√Ī√≠a francesa acude al cuartel de artiller√≠a. En √©l esperan Daoiz y Velarde, con todo preparado para defenderse. Los voluntarios, apostados en las calles contiguas, ventanas y balcones, tambi√©n esperan su turno. Los soldados imperiales acuden en formaci√≥n y llegan a la puerta del edificio tras el que se esconden los soldados rebeldes.

Las órdenes de Daoiz habían sido claras, no atacar hasta que se dé la orden. Los oficiales franceses se acercan a la puerta y, entre voces, reclaman que se abran. De repente, un estampido envuelve todo el edificio y las calles de alrededor. Una humareda de polvo, consecuencia de dos explosiones, inunda el ambiente.

Daoiz hab√≠a ordenado disparar la artiller√≠a que estaba apuntando a la puerta. El fuego la ha destrozado, as√≠ como tambi√©n a todos los franceses que estaban en su trayectoria. El resto de la compa√Ī√≠a, en medio de la confusi√≥n, se da a la fuga. Los madrile√Īos, escondidos, salen y abren fuego a los franceses que huyen.

Esta primera batalla se salda con una victoria contundente, gracias a la sorpresa. Pero Daoiz sab√≠a que la sorpresa ya se ha acabado y que otra compa√Ī√≠a francesa acudir√≠a para aplastar la resistencia.

Entre artilleros, Voluntarios del Estado y civiles, Daoiz tiene a su cargo unas 400 personas para defender Montele√≥n en el segundo envite. El oficial espa√Īol manda sacar los cuatro ca√Īones de artiller√≠a y situarlos en la calle para realizar un fuego m√°s efectivo en todas las direcciones. Daoiz dirigir√° personalmente el fuego de los ca√Īones mientras Velarde se situar√° al frente de la defensa del interior del cuartel. Al lado de Daoiz est√° ayud√°ndole el teniente Jacinto Ruiz.

La puerta del Sol

El suelo de Sol est√° cubierto de cad√°veres espa√Īoles y franceses. La resistencia a√ļn contin√ļa, pero cada vez m√°s debilitada. La caballer√≠a francesa barre una y otra vez a los grupos que siguen dispuestos a luchar. Las paredes de las casas entorno a la plaza son tiroteadas.

Los pocos madrile√Īos que han sobrevivido a la matanza huyen por las calles aleda√Īas perseguidos por los soldados imperiales. Hay algunos que son capturados, pero no tardar√°n en morir bajo el fuego franc√©s en los fusilamientos que se llevar√°n a cabo al d√≠a siguiente.

Los fusilamientos ya se est√°n produciendo. Los soldados imperiales, en la calentura de las numerosas refriegas, pasan por las armas a algunos capturados en el momento. En algunas zonas de la ciudad los asesinatos individuales pasan a ser grupales.

Finalmente, despu√©s de duros enfrentamientos, los franceses se adue√Īan de Sol y terminan con la resistencia ciudadana. El centro de Madrid es suyo.

El segundo enfrentamiento en el cuartel de artillería

Vuelven los franceses a Montele√≥n, esta vez con m√°s efectivos, y la lucha se recrudece. Tras varios intentos de acercarse, los soldados imperiales, escarmentados por las bajas sufridas, crean un cerco en torno al cuartel y las calles aleda√Īas. Daoiz, entre gritos, dirige el fuego de la artiller√≠a, mientras Jacinto Ruiz carga constantemente los ca√Īones.

Infanteria francesa de Napoleon en 1808
Uniformes de la infantería francesa de la época; fusileros y granaderos de la Guardia Imperial.

Velarde coordina el fuego de fusiler√≠a desde el edifico del cuartel. Su tarea es especial. Tienen que proteger a los soldados, Con Daoiz y Ru√≠z a la cabeza, que expuestos al fuego enemigo, dirigen los ca√Īones desde la calle.

Los ciudadanos parapetados en los edificios abren un fuego intenso que impide el avance franc√©s. Las calles de San Bernardo y Fuencarral, adyacentes a Montele√≥n, est√°n inundadas del humo de la p√≥lvora. Los ca√Īones est√°n bien situados en la calle, y por el momento contienen a los franceses.

En su puesto de mando Murat ordena reforzar con m√°s tropas el ataque al cuartel de Montele√≥n. Quiere terminar con la resistencia de los soldados sublevados espa√Īoles de una vez por todas. Es por eso que el comandante franc√©s Charles Tristan, al cargo de los ataques en Montele√≥n, decide llevar a cabo una ofensiva desde tres puntos, sin esperar a los soldados y la artiller√≠a de refuerzo que ha ordenado enviar Murat.

Se da la orden y los soldados avanzan pegados a las paredes de la casas, saltando de una a otra para seguir avanzando. El ataque es simult√°neo desde la calle San Bernardo, Fuencarral y San Pedro. La idea es llegar hasta la mism√≠sima puerta del cuartel mientras se foguea intensamente a los artilleros espa√Īoles que desde la calle abre fuego contra ellos.

El descalabro francés



Mientras los franceses avanzan, el teniente Jacinto Ruiz y Mendoza recibe un balazo. Ese d√≠a hab√≠a acudido a su deber como soldado a pesar de la fiebre que inundaba su cuerpo. Y la sufri√≥ hasta el momento de ser herido. Algunos madrile√Īos que lo ven caer, y que luchan a su lado, lo recogen y lo arrastran hacia el cuartel de Montele√≥n, directo hacia los libros de historia.

Mientras atienden a Ruiz, Daoiz prosigue organizando una resistencia que cada vez se complica m√°s. El avance franc√©s, junto a un fuego intenso, est√° haciendo estragos en los artilleros. Cada vez se acercan m√°s a los ca√Īones. Los que estaban apostados en las casas se van retirando. El cerco se va cerrando y m√°s y m√°s gente va cayendo al rededor. Daoiz que lleva de pie, entre los ca√Īones, todo el tiempo, le silban las balas por todos los lados. Pero ninguna llega a darle.

La nueva t√°ctica francesa

Ante los pocos resultados que estaba dando su estrategia, el comandante francés Charles Tristan de Montholon decide cambiar los planes. Ordena un repliegue para concentrar en un punto a todas sus fuerzas. Será una columna cerrada que partirá desde la calle de San José hasta la puerta del cuartel de artillería.

Los soldados imperiales calan las bayonetas y, con el  comandante Charles a la cabeza, se disponen a avanzar. El ataque en columna cerrada es una de las especialidades del ej√©rcito de Napole√≥n, y que tan buenos resultados hab√≠a dado en los campos de batalla de toda Europa. El inconveniente de este tipo de avance en formaci√≥n era que los soldados estaban m√°s expuestos. Pero si son dirigidos de manera correcta, con buenos oficiales y gran disciplina, la formaci√≥n terminaba convirti√©ndose en un ariete en el bando enemigo, dividi√©ndolo en dos.

Pero esto era en los campos de batalla, donde hab√≠a dos ej√©rcitos claramente visibles. El comandante franc√©s iba a ser el primero en realizar este tipo de ataque en una ciudad. Estaba harto de no obtener resultados contra los sublevados. Adem√°s, las √≥rdenes de Murat cada vez eran m√°s apremiantes. Quer√≠a rendido el cuartel de Montele√≥n de forma inmediata. Al grito de ‚Äúviva el Emperador‚ÄĚ los soldados imperiales comienzan su avance.

La orden de la Junta Suprema

Mientras los franceses avanzan en formaci√≥n, los espa√Īoles, con Daoiz a la cabeza, apuntan sus ca√Īones hacia ellos. Las descargas no consiguen darles, pero el fuego proveniente del cuartel, y de algunos balcones, est√°n haciendo serios da√Īos a la columna.

Viene un momento crucial. Velarde cala bayonetas con los pocos que quieran seguirle para cargar contra los franceses. Daoiz, que ya sabe cu√°l va a ser su destino, se dispone a dar cara su vida. Mientras los franceses ya est√°n muy cerca de los ca√Īones, dispuestos a llevar a cabo la √ļltima carga para hacerse con el cuartel.

general francés Charles Tristan de Montholon
Retrato del general francés Charles Tristan de Montholon (1783-1853). Licencia

Justo en ese momento, un soldado espa√Īol aparece con un pa√Īuelo blanco y se sit√ļa entre los dos contendientes. El comandante franc√©s, que cree que es una rendici√≥n formal, ordena el alto el fuego. Los soldados y madrile√Īos tambi√©n paran de disparar, desconcertados por lo que est√° ocurriendo.

El soldado trae órdenes del coronel Estaban Giraldez y de la Junta Suprema de Gobierno para que Daoiz y el resto de oficiales cesen el fuego. El soldado les apremia a rendirse, pero a estas alturas Daoiz ya es consciente de su destino. Una rendición significaría un fusilamiento al día siguiente, junto con todos los que lo han terminado siguiendo. Velarde apremia al soldado que trae la orden a retirarse. Sin embargo el soldado Voluntario del Estado le entrega la carta en mano a Daoiz. Mientras, desde la distancia, los franceses, que han parado la carga, son testigos de las discusiones.

El oficial espa√Īol, que tiene dudas, acepta preguntar cu√°l ser√≠an las condiciones de los franceses en caso de rendici√≥n. El comandante franc√©s, que junto con su columna est√° muy cerca de los ca√Īones, est√° escuchando la conversaci√≥n. Sin embargo Charles Tristan de Montholon no ofrece ning√ļn tipo de condiciones. Ha sufrido demasiadas bajas y tiene la victoria demasiado cerca como para ofrecer una paz pactada.

Un ca√Īonazo imprevisto

Mientras siguen las conversaciones ocurre un acto inesperado. Uno de los artilleros, con el botafuego encendido en la mano, lo acerca al ca√Ī√≥n que, con un estruendo ensordecedor, hace fuego. Lo que viene despu√©s nadie lo esperaba.

La bala del ca√Ī√≥n se cuela por en medio de la columna francesa, que parada e indefensa, no esperaba tal ataque. La bala hace una verdadera sangr√≠a entre los imperiales. Muchos son heridos, otros muertos. La columna francesa, que apenas unos minutos antes avanzaba imparable y de manera muy profesional, ha dejado de existir. En su lugar hay multitud de cuerpos tendidos en el suelo. Los supervivientes huyen y los madrile√Īos y soldados que est√°n en las casas y el cuartel abren fuego contra ellos.

Daoiz, desconcertado, grita ordenando el alto el fuego, pero es tal el desconcierto que nadie para. Velarde, sable en mano, se dirige hacia el comandante Charles Tristan, que est√° aturdido y tirado en el suelo, aunque no est√° herido. Lo conmina a rendirse. El comandante y todos sus oficiales se rinden. Tambi√©n muchos de los soldados imperiales que no han podido huir. Rodeados de madrile√Īos y soldados espa√Īoles, levantan las manos y son conducidos inmediatamente al interior del cuartel como prisioneros.

Las represalias de Murat

El gran duque de Berg, furioso al enterarse de lo que hab√≠a ocurrido en Montele√≥n, ordena medidas duras para reprimir a la poblaci√≥n madrile√Īa. Se producen m√°s fusilamientos en caliente y juicios sumar√≠simos contra todo aquel que haya sido apresado. Tambi√©n da permiso para que los soldados imperiales entren en cualquier casa.

Murat pone al mando del Sexto regimiento de la brigada Lefranc al general Joseph Lagrange. Le ordena que acuda al cuartel y extermine a todos los rebeldes que allí se encuentren. Le apoyará toda la artillería y otras fuerzas como el batallón de Westfalia.

En el cuartel los franceses, tras el descalabro de la columna comandada por el comandante Charles Tristan, han dejado de atacar. No obstante contin√ļan con el cerco, disparando y hostigando a los sublevados, pero desde la distancia. Esperan los refuerzos.

La resistencia en Madrid se apaga

Una vez controlada Sol, los soldados imperiales se van haciendo poco a poco con otras zonas de la ciudad. La resistencia se diluye cada vez m√°s en Atocha y Ant√≥n Mart√≠n. Tambi√©n en plaza Mayor, donde han huido las √ļltimas partidas de ciudadanos que a√ļn segu√≠an atacando a los franceses.

¬ęManuela Malasa√Īa se convirti√≥ en uno de los mitos del 2 de mayo. Seg√ļn la leyenda, esta costurera de profesi√≥n estuvo en los enfrentamientos del cuartel de artiller√≠a de Montele√≥n, trasladando la munici√≥n a los ca√Īones, junto a Daoiz. Aunque circulan otras versiones, como que fue detenida por los soldados franceses al encontrarle unas tijeras que portaba, herramienta que utilizaba en su profesi√≥n. Fue condenada en juicio sumar√≠simo y fusilada. Lo √ļnico que se sabe es que su cuerpo fue registrado como una de las v√≠ctimas de aqu√©l d√≠a en los archivos militares y municipales de Madrid. La hero√≠na se convirti√≥ en mito, dando nombre a una calle y a uno de los barrios m√°s castizos de Madrid: Malasa√Īa¬ę

Hacia el mediod√≠a los franceses controlan ya todo el centro de Madrid. Las grandes avenidas y las plazas est√°n tomadas por soldados que disparan a la m√°s m√≠nima se√Īal de jaleo. Patrullas francesas recorren las calles trasladando a los madrile√Īos capturados hacia prisi√≥n. Morir√°n al d√≠a siguiente bajo los pelotones de fusilamientos en las afueras de la ciudad.

Placa de la calle Manuela Malasa√Īa. Madrid
Placa de la Calle de Manuela Malasa√Īa, en Madrid. Licencia

El final de la resistencia



La artiller√≠a francesa, que ha llegado a Montele√≥n, empieza a abrir un intenso y constante fuego. Los artilleros espa√Īoles, en mitad de la calle, se resguardan como pueden tras sus ca√Īones. Los franceses buscan hostigarlos hasta que lleven a cabo su asalto final.

Daoiz ordena a todo el mundo que se proteja y esconda a la espera de que los soldados imperiales, en su previsible avance, se vuelvan a exponer. Sin embargo el intenso fuego está haciendo verdaderos estragos. Algunos mueren a causa de la fusilería francesa; otros, hartos de tanta sangre, deciden huir.

Retrato del general francés Joseph Lagrange responsable de ocupar el cuartel de artillería de Monteleón el 2 de mayo
General francés Joseph Lagrange (1763-1836). Tras el descalabro del comandante Charles Tristán, Murat le encarga tomar el cuartel de artillería de Monteleón el 2 de mayo. Licencia

El general Lagrange, que dirige la operación por orden de Murat, observa el fuego de sus tropas. Decide esperar un poco más para llevar a cabo el asalto. Cuanto más tiempo se bombardee a los sublevados, más débil será después la defensa que se encontrarán.

El asalto francés

Finalmente Lagrange da la orden a sus tropas de avanzar. Los imperiales comienzan su marcha en cerrada columna mientras sus compa√Īeros los cubren con intenso fuego.

Los defensores del cuartel salen de los sitios donde se estaban resguardando y empiezan un nutrido fuego contra la columna. Los ca√Īones dirigidos por Daoiz disparan de manera rasa para intentar dar en la formaci√≥n enemiga.

Un √ļltimo ca√Īonazo espa√Īol da de lleno en la columna, provocando muchos heridos. A punto de desorganizarse de nuevo, los soldados imperiales consiguen recomponerse y seguir avanzando. Est√°n a punto de alcanzar los ca√Īones y el cuartel.

Una lucha cuerpo a cuerpo

Ante la sorpresa de todos, unos madrile√Īos se lanzan contra la columna francesa. Se entabla una cruenta batalla cuerpo a cuerpo que provoca muchas bajas en ambos bandos. Por un momento los franceses, impresionados por la resistencia que se est√°n encontrando, se paran y retroceden ante esta acometida. Las √≥rdenes de los oficiales los vuelven a  obligar. Llevan a cabo una descarga que mata a muchos defensores de Montele√≥n, volviendo a cerrar filas y avanzando de nuevo.

En este nuevo asalto los soldados imperiales est√°n a punto de alcanzar los ca√Īones espa√Īoles. Entonces Daoiz entra en acci√≥n.

La muerte de Pedro Velarde

Daoiz, sable en mano y entre gritos, agrupa a cuantos madrile√Īos y soldados espa√Īoles puede reunir. Velarde los empuja hacia los ca√Īones a cuantos est√°n huyendo. Mientras esto ocurre, muchos deciden otra vez, por su cuenta, atacar a los franceses. Muchos madrile√Īos se lanzan con la furia que da la desesperaci√≥n, armados con cuchillos, machetes, navajas y bayonetas, hacia los soldados. La matanza es espantosa. De nuevo, y sobrepasados por la defensa, los franceses vuelven a pararse. Les dificulta adem√°s el paso la cantidad de cuerpos que se amontonan a su alrededor.

Apartando los cuerpos, o trepando sobre ellos, los franceses vuelven a la carga. Esta vez es la definitiva. Se entabla una feroz lucha con los defensores que est√°n en el ca√Ī√≥n. Daoiz, sable en mano, lucha por su vida. Velarde, con el grupo que a fuerza de gritos ha conseguido reunir, acude desde el cuartel para apoyar a los artilleros. Justo en el momento que va a partir, una bala le da de lleno, matando a Velarde al instante. Su cuerpo se desploma en la puerta del cuartel. En ese momento los soldados franceses comienzan a entrar por la puerta del edificio. Algunos madrile√Īos, que a√ļn resisten, viendo ya todo perdido, intentan huir de la carnicer√≠a.

Cuadro sobre la muerte de Velarde el Dos de Mayo
Cuadro del pintor Manuel Castellano sobre la muerte de Velarde el 2 de Mayo. Licencia

Rodeados por franceses, en una confusi√≥n de gritos, explosiones y detonaciones de fusiler√≠a, Daoiz, junto a unos cuanto espa√Īoles, se defienden dando sablazos a diestro y siniestro. Un balazo le penetra el muslo y cae al suelo. Se acerca el final.

Un alto el fuego

De repente, sin mediar aviso, el general Lagrange ordena cesar el fuego. Abrumado por la matanza, ha escuchado los ruegos del marqu√©s de San Sim√≥n, el alto dignatario espa√Īol que ha acudido para interceder y terminar de una vez por todas la sinraz√≥n que se est√° produciendo en Montele√≥n.

Dos de mayo. Cuadro de Joaquín Sorolla
Este es el famoso cuadro Dos de mayo del pintor Joaqu√≠n Sorolla. Muestra los √ļltimos momentos de la defensa del parque de artiller√≠a de Montele√≥n contra los soldados franceses. Licencia

Lagrange, que a√ļn no ha tomado el cuartel, se pude hacer una idea de lo que le espera a sus soldados cuanto intenten despejarlo, a vista de lo que est√° ocurriendo fuera. De esta manera unos cuantos afortunados, que a√ļn sobreviv√≠an resistiendo en los ca√Īones, no terminan muertos. Lagrange ordena a los defensores que tiren las armas. Todos lo hacen; algunos huyen despu√©s, sobre todo los que se encuentran en el interior del cuartel de artiller√≠a.

La muerte de Daoiz

Ciego por la ira, el general franc√©s pasa por entre los ca√Īones y acude al encuentro del Daoiz que, apoyado en uno de ellos, se est√° desangrando. Lagrange le increpa a voces y le reprocha su actitud. Al grito de ‚Äútraidor‚ÄĚ apunta su sable hacia el oficial espa√Īol. Sin mediar palabra, Daoiz, en un √ļltimo esfuerzo, atraviesa el cuerpo del oficial franc√©s con su sable. Los soldados imperiales, que no han podido evitarlo, fr√≠en a bayonetazos a Daoiz que se desploma. Hacia las tres de la tarde todo ha terminado. El cuartel se ha rendido.

Daoiz, entre grandes sufrimientos y dolores, será trasladado a su casa, donde morirá. Su fallecimiento es el comienzo del mito. El 2 de mayo ya no se entiende sin él.

¬ŅD√≥nde fueron los fusilamientos del 2 de mayo?



Tras la ocupaci√≥n del cuartel los franceses apresan a los soldados espa√Īoles, junto a todos los ciudadanos que hab√≠a participado en la defensa. Algunos oficiales, como Navarro Falc√≥n a la cabeza, intentan interceder para salvar la vida de, al menos, los Voluntarios del Estado y los artilleros.

Son ya m√°s de 40 madrile√Īos los que tienen retenidos los franceses. Y nadie va a interceder por ellos. Esperan angustiados cu√°l va a ser su destino, aunque algunos de ellos ya se lo imaginan.

Las comisiones pacificadoras

Mientras esto ocurre, la ciudad ya est√° completamente en calma. Tal es as√≠, que Murat ha vuelto a cambiar las √≥rdenes: quiere que las patrullas francesas vayan calmando los √°nimos. Son las denominadas comisiones pacificadoras. Los soldados imperiales, recorriendo las calles y plazas casi vac√≠as, pero sofocadas, aconsejan a la gente que se metan en sus casas. Junto a ellos tambi√©n les acompa√Īan soldados espa√Īoles enviados por la Junta para calmar los √°nimos. Ya es suficiente sangre por hoy, piensan todos.

Este mismo día el duque de Berg publica una orden del día con unos términos muy duros:

Se manda crear una Comisión Militar.

Se fusilar√°n a todo aquel que haya sido apresado con un arma en la mano.

Ordena a la Junta de Gobierno que desarme a todo el pueblo de Madrid, so pena de fusilamiento.

Se prohíben las reuniones de más de 8 personas.

Las comisiones pacificadoras no hacen honor a su nombre. En muchos casos detienen y matan en el momento a todo madrile√Īo que encuentran por la calles. Guiados por las denuncias de los propios vecinos, acuden a los hogares y se llevan a todo aquel que se esconde dentro.

En las casas donde han sido tiroteados, los imperiales entran saqueando todo lo que allí encuentran; después matan a sus inquilinos. La sed de venganza es muy grande y los oficiales franceses no se oponen a estas prácticas. Durante todo el día continuarán las represalias por toda la ciudad.

La Comisión Militar

La Comisi√≥n Militar franco espa√Īola estaba formada por el general Emmanuel Grouchy, del lado franc√©s, y por el general Jos√© de Sexti, de parte espa√Īola. Reunida, se dispuso a juzgar sumariamente a los presos capturados en la jornada del 2 de mayo.

La Comisi√≥n la preside el general Grouchy, por orden de Murat, que se empe√Īa una y otra vez en aplicar un castigo severo al pueblo de Madrid. El general Sexti, aunque forma parte de la Comisi√≥n tambi√©n, decide desvincularse, dejando la represi√≥n en manos francesas.

El tribunal sumarísimo no tiene piedad, y condena a muerte a todos y cada uno de los apresados. De esta forma se inaugura una sistemática e implacable represión ordenada por el duque de Berg, que pese a las promesas de piedad que le había hecho a la Junta de Gobierno, estas no se están cumpliendo.

Los fusilamientos del 3 de mayo

Es en Buen Suceso el lugar donde comienzan las primeras descargas de fusilería. Piquetes de imperiales apuntan y disparan a los grupos de presos que les van trayendo. Durante toda la noche, el Buen Retiro y el paseo del Prado también se convierten en lugares de muerte.

Implacablemente los franceses van matando a todos los presos que, resignados, acuden maniatados a su destino. Solo la llegada del alba silenciar√° las armas. Pero para entonces los muertos son muchos. Los sepultureros no dan a vasto a enterrar cad√°veres.

Cuadro de Goya. Fusilamientos del 3 de Mayo.
Cuadro de Francisco de Goya: Los fusilamientos del 3 de mayo. Licencia

Cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco de Goya y Lucientes

Consecuencias del Dos de Mayo



La lucha que se origin√≥ en Madrid termin√≥ prendiendo la mecha de una ocupaci√≥n que estaba siendo dura de asimilar. Oblig√≥ al pa√≠s a decantarse por uno de los dos bandos, y termin√≥ por hacer estallar la guerra de la Independencia espa√Īola.

¬ŅCu√°l fue el n√ļmero de v√≠ctimas del Dos y del Tres de Mayo?

Hoy en d√≠a es dif√≠cil determinar con exactitud el n√ļmero de muertos en el Levantamiento de Madrid. Cada bando alter√≥ las cifras en su propia conveniencia. Murat, en diferentes cartas, afirmaba que el n√ļmero de muertos entre la poblaci√≥n madrile√Īa era de 1600, mientras que de sus propias tropas los redujo a 80. Unos n√ļmeros con una clara intenci√≥n manipuladora. Tampoco est√° claro los 200 muertos madrile√Īos que estim√≥ en su momento la Junta de Gobierno.

A d√≠a de hoy las cifras m√°s exactas nos la proporciona el historiador P√©rez de Guzman. Su investigaci√≥n en los archivos disponibles en 1908 nos arroja un poco de luz: 406 muertos y 176 heridos entre los espa√Īoles. De estos 406 muertos, se estima que m√°s de 40 personas fueron fusilados en los enfrentamientos durante el 2 de mayo; y m√°s de 30 durante la noche del d√≠a 3 de mayo, en la monta√Īa del Pr√≠ncipe P√≠o y el Buen Retiro. En resumen, casi un centenar de represaliados pasados por las armas. El resto murieron en los duros combates con los franceses, tanto en las calles de la ciudad como en el parque de artiller√≠a de Montele√≥n.

Aun así son cifras que siguen estando en cuestión, pero no es difícil de imaginar que alrededor de 500 personas perdieran la vida el 2 y el 3 de mayo, entre civiles y militares.

Las renuncias de Bayona

Hay que recordar que la ocupaci√≥n fue tolerada desde el primer momento por las altas instancias espa√Īola: la clase acomodada, la clase pol√≠tica, el ej√©rcito y el propio tribunal de la Inquisici√≥n. El 6 de mayo se expidi√≥ a todos los tribunales del Santo Oficio de Espa√Īa una carta en la que se condenaba sin fisuras la revuelta en Madrid con las siguientes palabras: ‚Äúel alboroto escandaloso del bajo pueblo de Madrid contra las tropas del Emperador de los franceses‚ÄĚ; y recomendaba la ‚Äúvigilancia m√°s activa y esmerada de todas las autoridades y cuerpos respetables de la Naci√≥n para evitar que se repitan iguales excesos y mantener en todos los pueblos la tranquilidad y sosiego que exige su propio inter√©s‚ÄĚ. La Iglesia espa√Īola, que m√°s tarde ser√° la que m√°s gritar√° la guerra santa contra los franceses cuando todo estalle, ahora se muestra cauta y colaboracionista con Murat.

Retrato de José Bonaparte, hermano de Napoleón
Napole√≥n, tras obligar a Carlos IV y Fernando VII a renunciar a sus derechos din√°sticos en Bayona, nombr√≥ a su hermano Jos√© Bonaparte rey de Espa√Īa. Como era de esperar, tras lo acontecimientos del 2 de mayo no fue muy bien acogido por el pueblo, que lo llamaba el ¬ęrey intruso¬Ľ. Tambi√©n le dec√≠an ¬ęPepe botella¬Ľ, aunque era abstemio. Fue un monarca apasionado del arte y la cultura, pero su limitado tiempo como rey le impidieron acometer obras de envergadura.

Napoleón aprovechó los sucesos de Madrid para obligar a Carlos VI y Fernando VII a renunciar a su derecho al trono. Se producen entonces las renuncias de Bayona. Carlos IV se pliega totalmente a los deseos de Napoleón y envía un oficio a la Junta de Gobierno para que nombre al duque de Berg, Murat, como teniente general del reino.

El levantamiento nacional y la guerra de la Independencia espa√Īola

Una vez logradas las renuncias din√°sticas de Carlos IV y su hijo Fernando VII, Napole√≥n pens√≥ en su hermano Jos√© Bonaparte para ocupar el trono de Espa√Īa. Jos√©, que estaba reinando en N√°poles, se traslad√≥ hacia Madrid mientras el Emperador, el 25 de mayo, public√≥ las abdicaciones de la familia real espa√Īola.

Mientras se produc√≠an las intrigas din√°sticas, la noticia de la lucha en Madrid se extendi√≥ por toda Espa√Īa. En algunas ciudades hubo tumultos. El alcalde de M√≥stoles public√≥ el conocido como Bando de la Independencia donde se llamaba a la insurrecci√≥n contra el invasor franc√©s. De esta manera el 22 de mayo se subleva Cartagena, le siguen Badajoz, Murcia, Valencia, Oviedo, Zaragoza, Barcelona, L√©rida, Gerona, Manresa, Sevilla, Granada, M√°laga, C√°diz y La Coru√Īa. Hacia el 29 de mayo toda Espa√Īa estaba en pie de guerra. Da comienzo la guerra de Independencia espa√Īola, una etapa muy apasionante que ver√° nacer la primera constituci√≥n espa√Īola en C√°diz. Pero esto ya es otra historia que os contaremos.

Libros sobre el Levantamiento del 2 de Mayo de 1808



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Con las bombas que tiran los fanfarrones

Bibliografía

J. M. Guerrero Acosta. Los franceses en Madrid, 1808.

A. Pérez Reverte. Un día de Cólera.

Benito Pérez Galdós. El 19 de marzo y el 2 de mayo. Episodios Nacionales.

J. G√≥mez de Arteche. Guerra de la Independencia. Historia militar de Espa√Īa de 1808 a 1814.

J. Luis Olaizola Sarria. Dos de Mayo de 1808.

J. C. Montón. La revolución armada del Dos de Mayo en Madrid.

Ronald Fraser. La maldita guerra de Espa√Īa.

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El Levantamiento del 2 de Mayo de 1808
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El Levantamiento del 2 de Mayo de 1808
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¬ŅQu√© fue el Dos de Mayo? Fue un levantamiento popular del pueblo de Madrid contra la ocupaci√≥n francesa del ej√©rcito de Napole√≥n. Origin√≥ una batalla en Madrid que deriv√≥ en un posterior levantamiento nacional, provocando la Guerra de la Independencia Espa√Īola.
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